Centro Cultural
Montehermoso
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Exposiciones


Carlos Marcote

Del 6 de julio al 23 de septiembre de 2018. Depósito de Aguas

Schommer

Emociones


Sin querer, tiritan las emociones ante las obras de Carlos F. Marcote. Es inevitable. Pero no somos nosotros quienes lo provocamos porque incluso los seres insensibles también se tambalean frente a ellas. Tampoco lo son los paisajes representados, ni siquiera esa atmósfera irreal que aparece en ellos, esos lugares de utopía reconocible y soledad abandonada o los espacios, los rincones de fantasmagoría, las personas de profunda apariencia que no existirían así si no fueran por los ojos de Marcote. Ante sus cuadros me pregunto siempre si será verdad lo que dicen algunos físicos heterodoxos de que solo existe lo que se ve, que todo se conforma como en un acto de magia en el mismo momento en el que nos asomamos a su visión.

Porque lo que vemos, en el fondo somos nosotros mismos, jugando a la soledad, a recrear un escenario para que Marcote lo pinte. Nos hemos escondido detrás de esas colinas, tras las lomas, dentro de los bosques levemente más rojizos que en anteriores ocasiones. Nos hemos agachado entre los edificios vacíos y ruinas polvorientas, haciéndonos invisibles en esa perspectiva aérea, en esa atmósfera tan impalpable. Se trata de que parezca que no hay nadie, que hemos abandonado el mundo aunque estemos todos ahí, detrás de lo pintado y a mí, todo esto, me da sensaciones encontradas: belleza y tristeza que unidas me producen una infinita melancolía, un duelo por la pérdida de nuestro juicio.

Pero tampoco sus ojos son los únicos culpables de este despertar emocional, ni sus manos, ni su cerebro. Todos ellos sólo son herramientas de algo más íntimo que traspasa su propio cuerpo.

Es la Pintura amigos. Ella le maneja a su antojo y él la mantiene con vida. Una sin el otro no existirían de esta manera. Es una simbiosis perfecta, un mutualismo vital, Marcote la protege de sus depredadores y la cuida y a su vez la Pintura le alimenta, le mantiene vivo también. ¿Cómo es posible que ambos se protejan y se sientan vivos en reciprocidad? ¿Quien depende de quien? Nadie y los dos al mismo tiempo. Están invadidos la una por el otro y el uno por la otra, dependientes, íntimos hasta la fusión, hasta más allá de la encarnación.

No se ha visto prodigio mayor y es justo esto lo que produce las emociones que no son sino los movimientos reflejos del alma, de lo que no comprendemos: de la conciencia.

Dentro de lo ininteligible, se hallan al mismo tiempo otras parcelas más crípticas aún, como una doble llave que impide el acceso de nuestros entenderes semiplanos. Algo que nos despierta temblores emotivos descontrolados.

Merodeamos siempre lo esencial sin atrevernos siquiera a rozarlo por dios sabe qué razones. Puede que por miedo a saber qué nos espera ya que cada vez que nos hemos acercado demasiado sufrimos episodios espasmódicos sin poder distinguir si son de placer o de dolor o, tal vez, por falta de verdadero compromiso o quizá por ignorancia. Sin embargo en el caso de la dualidad Pintura/Marcote, curiosamente ocurre al contrario, la esencia surge del centro de su contrato de trabajo vital indefinido e infinito, expandiéndose mientras invade los ojos que la ven provocando, como digo, la más pura de las emociones, surgida por eclosión simpática.

No quisiera cerrar estas palabras sin agradecer a Carlos F. Marcote su inconsciente pundonor por arremeter contra mis certezas.

Daniel Castillejo
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